Sobre esta ermita existe una leyenda en la que según cuenta, hubo un pastor en Navarri que pastando las ovejas por el lugar donde se halla ubicada la ermita actualmente, se encontró un pequeño crucifijo, lo cogió y se lo guardó en la mochila. Al llegar al pueblo por la noche el zagal muy contento y un poco nerviosillo contaba a los vecinos el hallazgo y apresurándose a sacar de la mochila el crucifijo para mostrarlo, tal fue la sorpresa que no estaba. Su inmediata fue manifestar que lo había perdido. No dieron crédito a sus palabras. Poco tiempo había transcurrido cuando el zagal volvió a pastar las ovejas por el mismo punto, y héteme aquí que el crucifijo se hallaba nuevamente en el lugar que estaba por vez primera. Con mucho más entusiasmo e ilusión cogió nuevamente el crucifijo y lo guardó con más seguridad que la vez anterior. Al llegar al pueblo, su alegría rebosaba por todas partes, asegurando que ahora sí que lo llevaba y les iba a enseñar con toda seguridad su hallazgo. Nuevamente no llevaba el Cristo con lo que el zagal quedó sumamente abrumado de todo cuanto acontecía.El Cristo apareció de nuevo en el mismo lugar y es por ello que entendieron los habitantes de Navarri que es allí donde quería estar y decidieron edificar la ermita.

La ermita fue desalojada durante la guerra del 36 y en el año 47 fue reconstruida gracias a la Sra. Dolores de Blan por gracias concedidas a sus oraciones después de que su nieto salvase la vida después de una pavorosa tormenta, que le atrapó perdido en el monte.

Desde entonces se reanudaron las romerías que hasta nuestros días vienen organizándose año tras año el segundo Sábado de cada mes de Mayo.

 
 
     
 
     
 
         
             
     
             
     
             
         
 
 
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